En pleno furor de la "Chanelmanía", en Francia se ofrecen diversos recorridos por los lugares a los que la diseñadora marcó con su estilo.
Si viviera, el 19 de agosto habría cumplido 126 años. No lo habría tolerado ni admitido. Porque Gabrielle Bonheur Chanel -Coco- ocultó siempre su edad por coquetería, o se quitó décadas de encima viviendo en permanente gesto creativo. Quizá esa actitud vital fue su mejor anti-age. Y el que no tuviera hijos fue otra clave para desorientar a los que calculan los años de la madre por la de los "herederos".
El año pasado, la marca Chanel celebró los 125 años del nacimiento de Mademoiselle con una exposición itinerante en una instalación de la arquitecta Zaha Hadid que se montó en ciudades-meca de la moda como Nueva York, Tokio y, obviamente, París. Y diseñó una moneda de oro con la silueta de esta mujer genial y controvertida. Este perfil discutido dio pie para que se editaran varias biografías y se rodaran nuevas películas: una versión para la tele, con Shirley McLaine; otra, que acaba de estrenarse -"Coco Avant Chanel"-, con Audrey Tatou, y "Coco Chanel & Igor Stravinsky", con la actriz Anna Mouglalis, que narra el amor -no comprobado- de Mademoiselle con el músico ruso (que, dicho sea de paso, era amigo de Victoria Ocampo, y se hospedó en su casa de San Isidro cuando visitó la Argentina). Quienes vieron los filmes, concuerdan en que ninguno llega a captar el mito que trasciende a la persona: una diva que vivió casi 90 años, con todas las luces.
Recorrido a medida
El furor de la "Chanelmanía" en este verano europeo llevó a muchas agencias a ofrecer un recorrido a medida por los lugares de Francia donde Coco pasó sus vacaciones, y donde aún están en pie casas que fueron suyas, hoteles donde se hospedó y otros sitios curiosos. Los viajes suelen terminar en la ciudad suiza de Lausana: allí vivió su exilio, a fines de la II Guerra, y en el cementerio está su tumba, custodiada por varias cabezas de leones.
El itinerario empieza en la iglesia de la Madeleine de París, donde el 10 de enero de 1971 fue su funeral. Pero enseguida vuelve el glamour: a pocas cuadras, en el 15 de Place Vendome, está el imponente Hotel Ritz, hogar de Chanel en sus últimos 37 años. Vale la pena: está cerca del Museo del Louvre y del d'Orsay. En aquel tiempo, Coco caminaba hasta su "casa de modas", en el 31 de la Rue Cambon. Ya no es la tiendita de sombreros de 1910, sino una maison de cuatro pisos que conserva su impronta.
Desde aquí, la traza del viaje tiene un cierto orden cronológico: el primer tramo toma Deauville y Biarritz; el segundo transcurre en la Riviera o "Cote d'Azur", sobre el Mediterráneo. Pueden hacerse ambos o elegir uno. Y créase: la propuesta supera el marketing.
Deauville y Biarritz
A 55 km de París está Deauville, en el corazón de Normandía. Es una pequeña ciudad balnearia junto al Canal de la Mancha, que "inventó" el duque de Morny en 1858, un bon vivant adinerado, hermanastro de Napoleón III, quien creó "un reino de la elegancia": en 1912, fue refugio para artistas plásticos impactados por los constantes cambios de luz del lugar. Tras ellos llegaron los ricos y famosos, y Coco Chanel tuvo allí su tienda: sus sombreros, accesorios y ropa deportiva se vendían a la aristocracia inglesa y francesa que allí concurría.
La guerra de 1914 puso fin al negocio, pero en cuanto se insinuó la paz, Coco eligió Biarritz, el puerto vasco en el golfo de Vizcaya, sobre el mar Cantábrico, a media hora de España. La ciudad ya brillaba con el lujo de Eugenia de Montijo, y a Chanel no se le pasó por alto. Aquí inauguró una maison de couture orientada a la nobleza española, que agotó sus diseños. Por eso algunos tours llevan a esta parte de Francia, donde todavía viven muchas anécdotas.
La Costa Azul
Tal fue su éxito entre clientas VIP, que en 1918 Mademoiselle Coco tenía su propia y lujosa vivienda en la Rue de Saint-Honoré, en París, donde se reunía con grandes artistas como Pablo Picasso o Jean Cocteau. También compró una casa de fin de semana en Garches -isla de Francia, sobre el Sena-, donde hospedó a Stravinsky y familia en el exilio.
Pero sus años dorados fueron los 20, en la Riviera. De Niza a Mónaco, junto a los personajes más glamorosos del momento, Chanel estaba en la cúspide de la moda, había lanzado su perfume N° 5 y experimentaba con éxito vestuarios para teatro. El 20 de junio de 1924 se estrenó en el Teatro de los Champs-Elysées un musical ideado por Cocteau, con ropa de Chanel y un programa diseñado por Picasso. Este "lujito" se llamaba Le train blue, el mismo nombre del lujoso tren que conectaba París con la Riviera.
Entre las dos guerras, Coco y Cocteau estrecharon su amistad. Para entonces, ella veraneaba en la Costa Azul y había visto desde el yate del duque de Westminster -uno de sus amantes- un terreno en lo alto, a la altura de Roquebrune Cap Martin, cerca de Menton. Allí pasaban sus vacaciones Winston Churchill y W. B. Yeats y, en 1952, el famoso arquitecto francés Le Corbusier construyó aquí su cabaña Le Cabanon, de sólo 16 m2, que puede visitarse.
La villa de Coco, llamada "La Pausa", fue un regalo del duque de Westminster: está sobre una colina, con espectaculares vistas al mar Mediterráneo y a Mónaco. Tiene siete dormitorios, un inmenso hall de recepción y exóticos jardines con una piscina deslumbrante. Ella viajaba permanentemente de París a Cap Martin, en el tren azul, para supervisar la obra. La villa fue centro de fiestas y episodios históricos: allí se alojaron Salvador Dalí y su mujer, Gala; Cocteau estuvo durante un largo período de desintoxicación; la escritora Colette -gran amiga de Coco- pasó varias temporadas (aunque tenía casa en Saint-Tropez) y recibió a las más ilustres estrellas de Hollywood, a quienes vestía en exclusiva. Chanel la vendió en 1953 al agente literario de Churchill, pero fue revendida varias veces. Vale la pena verla y bajar a la playa: Coco no le temía al bronceado, y también en ese sentido fue una pionera y una transgresora.
La Segunda Guerra Mundial, con sus horrores, interrumpió el ritmo hedonista de la Costa Azul y de Europa toda. Coco huyó a Suiza; su relación con el nazi Hans Gunther le costaría el destierro.
Paseos en el ocaso
Al volver a París, con 70 años, el 5 de febrero de 1954, Chanel empezó de vuelta, y redobló su éxito. En su tiempo libre, viajaba por la Provence en compañía de Grace Kelly y el príncipe Rainiero. Paseaba por enclaves especiales como Cap Ferrat, caminaba por la promenade La Croisette en Canes o recorría Grasse, para estar al tanto de lo último en perfumes.
Uno de sus paseos favoritos era recorrer Luberon en auto, junto a su chofer (hoy Luberon es un parque natural, propiedad de Relais & Chateaux). Gozaba admirando los claroscuros del crepúsculo y, si no estaba cansada, viajaba hasta Mont Ventoux, en el norte, a través de los campos rojizos de Paul Cézanne, alrededor de Aix-en-Provence (Aix está a media hora del puerto de Marsella). Allí solía contratar un guía que la llevaba tras las huellas de Cézanne, circuito que está vigente y se organiza llamando a la oficina de turismo.
Después de entrar al café les 2 Garçons y visitar el taller del pintor impresionista, seguía rumbo a Arlés, situada junto al enorme delta del río Ródano. Con monumentos romanos y circos callejeros, la ciudad tiene el espíritu de otro pintor, el holandés Vincent Van Gogh, quien vivió aquí sólo 18 meses y, en 15, pintó frenéticamente 300 obras. A Coco le fascinaba la pintura y, por eso, pernoctar en Arlés era un ritual. Al día siguiente, otra vez París. Otra vez "su" Ritz y su soledad.
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